Junto a Hektor Llanos en el Triatlón de Zarautz 2011 (Foto: Amaia Casado)

Hace ahora diez años Hektor Llanos me dio la oportunidad de entrar en el mundo del triatlón por la puerta grande: ni más ni menos que siendo su entrenador, cuando yo apenas sabía que este deporte consistía en nadar, andar en bicicleta y después correr. “No importa” me dijo, “confío en ti”. También su hermano Eneko decidió depositar en mí esa misma confianza. Tras dedicar un par de meses a estudiar la literatura científica disponible sobre diversos aspectos del triatlón, a evaluar sus resultados en competición, sus cualidades y limitaciones, y a ver vídeos de carreras tanto de distancia Olímpica como de Ironman, nos pusimos a trabajar juntos en el mes de enero de 2002. Dos años después vino Ainhoa, y en 2005 Virginia, pero quien me abrió de par en par las puertas del triatlón fue Hektor.

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