The Stress of Life

The Stress of Life

El estrés de la vida es un libro clásico sobre el estrés, publicado por primera vez en 1956 por Hans Selye, el pionero de la medicina que formuló el concepto teórico de estrés y el Síndrome General de Adaptación. Hace un tiempo que leí una edición revisada publicada en 1976, y tomé algunas notas que quiero compartir con los lectores de mi blog. Las traducciones del original en inglés son mías.


La evolución genética a través de interminables siglos desde las formas de vida más simples hasta los seres humanos complejos fue la mayor aventura adaptativa sobre la tierra.

El estrés se refleja esencialmente en el grado de desgaste provocado por la vida.

No es el ver algo en primer lugar, sino el establecer conexiones sólidas entre lo previamente conocido y lo hasta ahora desconocido lo que constituye la esencia del descubrimiento científico.

… lo que importa no es tanto lo que nos ocurre, sino la forma en que nos lo tomamos.

Incluso el debate inspirado por los celos puede estimular la investigación, pero es menos eficiente y ciertamente menos agradable que la cooperación.

Sólo se pueden hacer grandes progresos mediante ideas que son muy diferentes de aquéllas aceptadas generalmente en su momento.

Muy pocas ideas fundamentalmente nuevas consiguen sortear la etapa de herejía.

El estrés es habitualmente el resultado de una lucha por la auto-conservación (la homeostasis) de partes dentro de un todo.

… cuanto mejor sepamos lo que nos motiva, más posibilidades tendremos de hacer que la vida sea un éxito.

… es especialmente cierto que, en los eventos de nuestra vida, los efectos de estrés dependen no tanto de lo que hacemos o de lo que nos ocurre sino de cómo nos lo tomamos.

… la mayoría de nuestras tensiones y frustraciones derivan de necesidades compulsivas de interpretar el papel de alguien que no somos.

… pocas cosas te hacen ganar más buena voluntad y amor que el don de ser siempre tú mismo. La simplicidad natural es uno de los rasgos más agradables.

Es bien sabido que el mero hecho de saber qué es lo que te hace daño tiene un valor curativo inherente.

La vida, la cadena biológica que mantiene unidas nuestras partes, sólo es tan resistente como su eslabón vital más débil. Cuando éste se rompe –no importa qué eslabón vital sea– nuestras partes ya no pueden seguir unidas como un ser viviente único.

Confort y seguridad hacen que nos sea más fácil disfrutar las grandes cosas de la vida, pero no son en sí mismos objetivos grandes y gratificantes.

Por lo tanto, muy poca gente en los ámbitos de la vida habituales conservan la capacidad de disfrutar realmente: ese maravilloso don que todos poseían siendo niños. Pero duele ser consciente de este defecto, así que los adultos se dopan a sí mismos con más trabajo (u otras cosas) para desviar la atención de su pérdida.

Ciertamente, la grandeza, como el mayor de los logros, es uno de los principales motivadores de la actividad humana; como su prerrequisito, la excelencia, es un objetivo en sí misma.

Demasiada gente sufre toda la vida porque son demasiado conservadores para arriesgarse a un cambio radical y romper con las tradiciones.
 

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