Vino durmiente (Foto: Iñigo Mujika)

Vino durmiente (Foto: Iñigo Mujika)

Ya he escrito sobre el sueño anteriormente. En mi entrada de Junio 2011 El sueño, clave de la recuperación y la adaptación al entrenamiento mencionaba el impacto negativo del sueño insuficiente sobre la recuperación, la adaptación al entrenamiento y el rendimiento en competición. También aportaba algunas recomendaciones prácticas para facilitar la cantidad y/o la calidad del sueño de los deportistas.

En esta ocasión quiero simplemente compartir algunos textos fascinantes sobre el sueño publicados hace 155 años (Hitchcock y Hitchcock. Anatomía y Fisiología Elemental para Colegios, Academias y Otras Escuelas, 1860). No dejéis de fijaros en la horrible referencia de pasada a los Nativos Americanos siendo torturados en la estaca…

“611. Definición de sueño.— Necesidad de sueño.— El sueño, “dulce restaurador de la naturaleza cansada” es un estado del cuerpo en el que hay una suspensión más o menos perfecta de la actividad del cerebro. Las funciones de digestión, secreción y respiración continúan durante el sueño más profundo, pero con menor actividad que durante el estado de vigilia. En muchos casos, sin embargo, las funciones del cerebro no cesan por completo, tal como se ve en los fenómenos de los sueños, donde el cerebro parcece estar trabajando activamente pero los sentidos y funciones animales están en reposo. Todos los animales necesitan del sueño para dar descanso a los diferentes órganos del cuerpo, y en el estado de salud les llega a todos, aunque en distintos grados de profundidad, pero generalmente cuanto mayor es el agotamiento, más completo es el sueño.”

 

“612. Tendencia periódica del sueño.— La voluntad puede por un tiempo superar el sueño.—La tendencia a dormir es periódica. Todas las personas sienten una inclinación a dormir durante una parte de las veinticuatro horas, y durante la noche, si la salud es buena y no se pervierte la naturaleza. Algún esfuerzo intelectual intenso, sin embargo, o alguna emoción fuerte, superarán la somnolencia durante mucho tiempo, como en el caso del estudiante trabajando sobre un problema difícil, o una madre que vigila a su hijo enfermo. Pero cuando el problema está controlado, y el hijo ha superado la crisis y está a salvo, el sueño llega con fuerza irresistible. Ocurren constantemente casos que muestran que el cerebro debe tener su reposo pese al esfuerzo intelectual o el peligro. Se relata que los chicos agotados de trabajar continuamente en la batalla del Nilo se dormían durante parte de la acción, y en otra batalla naval un capitán durmió dos horas a una yarda de su cañón más grande, que se mantuvo en acción todo el tiempo. Los indios en la estaca de tortura se duermen a la mínima remisión de la agonía, pero se despiertan en cuanto ésta comienza de nuevo. Y sabemos del castigo más bárbaro todavía practicado en China, consistente en mantener a la víctima despierta hasta que muere de puro agotamiento. Se dice que el sufrimiento es terrible.”

 

“613. Estímulos para dormir.— El sueño a veces controlado por la voluntad.— Normalmente la oscuridad y el silencio promueven el sueño; pero si una persona se acostumbra al ruido durante el letargo— si éste es continuo—no puede dormir sin él. Así las personas que viven cerca de forjas y molinos ruidosos no pueden dormir fácilmente en otro lugar. Y una repetición monótona de sonidos es favorable para provocar el sueño, a causa de que no se pueden tener otras impresiones fácilmente en la mente, y así el durmiente se despierta con menor facilidad. Una lectura aburrida sobre un tema aburrido tiene como efecto muy inmediato provocar el sueño, así como el sonido de una cascada distante, o el susurro de las hojas en un bosque. Frotar muchas partes de la piel, o que otra persona te peine el cabello a menudo provoca somnolencia, y a veces sueño. Una persona puede a veces quedarse dormida, cuando está agitada, mediante un esfuerzo intelectual monótono, como repetir un paradigma en Latín o contar las gotas de lluvia a medida que caen a través del alero en el surtidor.”

 

Puesta de sol en Reykjavik (Foto: Iñigo Mujika)

Puesta de sol en Reykjavik (Foto: Iñigo Mujika)

“614. Efecto del hábito en el sueño.— El efecto del hábito es potente para provocar el sueño. Hay que acostumbrarse a retirarse temprano —de acuerdo con la naturaleza— y la somnolencia llega a la hora habitual de retirada; pero si una persona durante una serie de años tiene la costumbre de dormir en la última parte de la noche y temprano por la mañana, es casi imposible para ella dormir pronto por la noche. Las personas que, como los marineros, soldados y vigilantes, están obligadas a dormir cuando pueden, y solo en cantidades pequeñas cada vez, duermen con poca dificultad cuando se les presenta la oportunidad. El Capitán Barclay, que caminó mil millas en tantas horas consecutivas, tenía tal capacidad sobre sí mismo que se dormía en el momento que se tumbaba. Algunos médicos tienen la misma capacidad.”

“615. Impedimentos para el sueño.—Cualquier ruido o lugar no habitual para dormir impedirá o alterará el sueño a muchas personas. Así, el zumbido de un mosquito mantiene a mucha gente despierta mucho tiempo. Pero si un ruido se repite a menudo, no tendrá este tipo de efecto. El universitario de primer año se despierta fácilmente las primeras mañanas con el primer toque de campana para la oración, pero en poco tiempo no tiene efecto alguno. “Un caballero que se embarcó para convertirse en hombre de guerra se despertó la primera mañana con el disparo matinal, que por casualidad se disparó justo encima de su cabeza; el shock fue tan violento que le hizo saltar de la cama. La segunda mañana se despertó de nuevo, pero esta vez simplemente se levantó y se sentó en la cama; la tercera mañana el disparo tuvo el simple efecto de hacerle abrir los ojos un momento y girarse en la cama; la cuarta mañana dejó de afectarle en absoluto, y sus sueños continuaron sin verse alterados mientras permaneció a bordo.”

 

“616. La ausencia de sonidos habituales previene el sueño.— A veces ocurre todo lo contrario si cesa un sonido monótono inhabitual que provocó el sueño. Así una persona a la que se le ha leído o rezado hasta quedarse dormida se despertará si el lector o el orador paran, antes de que haya ninguna alteración, y una persona dormida en un tren a menudo se despertará al parar, o incluso cuando el tren reduce la velocidad.”

 

“617. Cantidad de sueño.— La cantidad de sueño necesaria para el hombre varía mucho, viéndose afectada por la edad, temperamento, costumbre y agotamiento. Los niños y la gente muy mayor son quienes más duermen. Los primeros lo necesitan para que el proceso constructivo pueda seguir tan ininterrumpidamente como sea posible, y generalmente duermen tres cuartas partes del tiempo. Los segundos necesitan una gran cantidad de sueño porque las energías vitales son tan débiles.”

 

“618. Un temperamento linfático es somnoliento.—Las personas con un temperamento linfático, aquellas que rara vez se alteran, duermen más que aquellas con un temperamento nervioso, que son siempre rápidas y veloces en sus movimientos. Los primeros viven lentamente, y comparativamente tienen poco desperdicio, y en consecuencia el cerebro está todo el tiempo más cerca del sueño que en el segundo tipo, cuyo cerebro, en estado de vigilia, es muy activo, y cuando duerme, duerme muy profundamente.”

 

“619. Efectos del hábito en la cantidad de sueño—Casos remarcables.—La cantidad de sueño se modifica mucho con el hábito, y a menudo los que menos duermen han sido aquellos con la mayor actividad. Si una persona adquiere el hábito de dormir poco, debe dormir muy profundamente, para que lo que se pierde en cantidad, se compense en intensidad. La costumbre de dormir poco, sin embargo, no es una indicación segura de que se haya logrado una cantidad de sueño adecuada. Federico el Grande, y John Hunter no dormían más que cinco de las veinticuatro horas; y el General Elliot, dedicado a la defensa de Gibraltar, y Napoleón, a menudo no dormían más que cuatro de las veinticuatro horas. La regla general, sin embargo, parece ser que el hombre debería tomarse de seis a ocho de las veinticuatro horas para dormir ininterrumpidamente. Las mujeres en general parecen requerir bastante más.”

 

“620. Formas de alcanzar el sueño.— Para algunos el sueño llega instantáneamente en cuanto lo desean, pero para otros en un proceso gradual y tedioso, especialmente en la enfermedad, o en estado mental de excitación. Muchos médicos caen dormidos en cuanto su cabeza toca la almohada, y no se despiertan con cualquier sonido ordinario, como los pasos de otra persona en la habitación o el cierre de una puerta, pero se despiertan en cuanto suena la campana nocturna. Cuando Sir E. Codrington era un joven en el servicio de marina, era muy activo en la búsqueda de señales, y trabajaba en este tema durante sus horas de vigilia. Por tanto su sueño era muy sólido, y no se despertaba por cualquier ruido ordinario, pero sus camaradas se divertían susurrándole la palabra “señal” al oído, que le hacía despertar al instante y prepararse para el servicio.”

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