Babuino

Babuino. (Foto: Dick Mudde)

Robert M. Sapolsky es catedrático de Biología y Neurociencia en la Universidad de Stanford. Durante más de una década, Sapolsky ha pasado los veranos en la Reserva Nacional Masai Mara de las planicies del Serengeti en Kenia, estudiando las relaciones entre comportamiento social y dominio jerárquico en babuinos salvajes, la cantidad de estrés social que experimentan, y cómo reaccionan sus cuerpos ante el estrés.

Según Sapolsky, “un babuino medio en el Serengeti pasa 30 a 40 por ciento de cada día alimentándose –trepando a los árboles para alcanzar fruta y  hojas, cavando laboriosamente en la tierra para desenterrar tubérculos, caminando cinco o diez millas para llegar a las fuentes de alimentos–. Su dieta es espartana: higos y aceitunas, hierbas y partes de juncos, cormos, tubérculos y vainas. Es poco usual en ellos cazar o alimentarse de carroña, y la carne supone menos del 1 por ciento de la comida que consumen. Así que la dieta típica de babuino está llena de fibra y es muy baja en grasa, azúcar y colesterol”.

Hace unos años, cavaron un pozo de basura en medio del territorio de una de las tropas de babuinos estudiadas por Sapolsky, donde era arrojada la basura producida por los turistas. Los restos de comida en el vertedero de basura incluían muslitos fritos, carne, ensalada de frutas, trozos de tartas y pasteles, natillas… “azúcares procesados, grasa, carne roja y colesterol, nuestros modernos Cuatro Jinetes del Apocalipsis”, según la descripción del propio Sapolsky.

El grupo de babuinos se trasladó a los arboles alrededor del vertedero, y su patrón de actividad típico cambió de manera que solo se activaban a la hora de la llegada del tractor de la basura. Por supuesto, su dieta habitual se modificó completamente, ya que pasaron a una dieta “occidentalizada”.

Un “babuino medio alimentándose con una dieta natural tenía niveles de colesterol que avergonzarían al triatleta más ectomorfo” y más de la mitad del colesterol total era en forma de lipoproteínas de alta densidad, es decir, el colesterol “bueno”. Pero cuando Sapolsky estudió los babuinos del vertedero de basura, emergió una imagen diferente. “Los niveles de colesterol eran casi un tercio más altos, y la mayor parte del aumento era atribuible a un aumento de las dañinas lipoproteínas de baja densidad, el tipo que produce placas en las paredes de las arterias.” Pero no sólo eso; “los niveles de insulina eran más del doble en los buscadores de basura que en los que comían una dieta natural. Esta hormona es segregada por el páncreas en respuesta a la ingesta, especialmente la ingesta de alimentos ricos, azucarados, y su función es decir a las células que almacenen glucosa como energía para el futuro. Sin embargo, si los niveles de insulina suben demasiado las células dejan de responder a su mensaje; en lugar de ser almacenada, la glucosa sigue circulando en el torrente circulatorio. Es este estado de las cosas el que eventualmente puede provocar diabetes del adulto, una enfermedad distintivamente occidental. Puesto que los buscadores de basura venían de reservas genéticas similares a las de los alimentados con forraje natural, las diferencias genéticas no podían ser responsables de sus niveles de insulina mucho más altos. El sospechoso más probable era su dieta de comida basura y su inactividad relativa.”

Referencia

Sapolsky, RM. The trouble with testosterone: and other essays on the biology of the human predicament. Touchstone: New York, 1997.

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2 comentarios

  1. Buen articulo, gracias

    August 9, 2011
  2. [...] irakurri, merezi du-eta. ;-) Gainera, Robert Sapolskyren ikerketa mamitsu batzuekin egin dut topo, hau esaterako; eta uda honetan irakurriko ditudan liburuen artean hau ere egongo dela uste [...]

    July 12, 2012

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